¿Animalismo o borreguismo?

Hace unos meses dos buenos amigos míos veterinarios me propusieron colaborar con ellos en un proyecto para dar a conocer la agricultura y ganadería tradicional española por medio de una página de Facebook a la que llamamos Entre montaneras y agostaderos. En esta página compartimos noticias, fotos y artículos con los que queremos acercar el mundo rural al resto de la población y, cada uno desde nuestro diferente punto de vista profesional —somos una veterinaria especialista en reproducción equina, un veterinario especializado en producción y yo, que soy ingeniero técnico agrícola especializada en hortofruticultura y jardinería—, defendemos la agricultura y ganadería tradicional modernizada, tan necesaria para alimentar a la población humana, de una forma respetuosa con el medio ambiente. En dicha página yo compartí una foto de una dehesa extremeña en la que aparecía una piara de cerdos ibéricos comiendo bellotas y recurrí al refranero popular español para el pie de foto diciendo “En Extremadura las encinas dan jamones y los carrascos salchichones”. Dicho refrán no se refiere a otra cosa que a la diferencia de las calidades de los embutidos producidos a partir de la carne de cerdo según la alimentación que ha recibido el animal. Pues cuál fue nuestra sorpresa, que por recitar este refrán recibimos grandes críticas e insultos que salpicaron desgraciadamente hasta a nuestros difuntos, por parte de algunos animalistas veganos que vieron mi publicación.

Recordaréis que a finales de mayo hubo una enorme polémica en todo el mundo porque en un zoo de Estados Unidos un niño de 3 años cayó dentro del recinto de los gorilas y los trabajadores del zoológico decidieron abatir a tiros al gorila Harambe para garantizar la seguridad del niño. Tanto el zoo como la madre del menor también recibieron a través de las redes sociales cientos de críticas por considerar que fue una neglicencia por ambas partes, llegándose a cuestionar si debía haberse disparado al niño en lugar de al animal porque según justificaban niños hay muchos y gorilas pocos.

Esta misma semana Victor Barrio, un torero de tan sólo 29 años, ha muerto corneado por un toro en la plaza de toros de Teruel y las reacciones de algunos animalistas y antitaurinos ha sido la de celebrar su muerte. Los comentarios publicados en Twitter y Facebook refiriéndose al torero y a su familia han llegado a tal punto que la policía está investigando su origen por considerarlos delito.

¿Qué está pasando en la sociedad? ¿Por qué la vida humana cada día importa menos? ¿Por qué nos unimos y protestamos en defensa de los derechos de los animales y luego salimos a la calle y pisoteamos a nuestro vecino? ¿Dónde se han quedado los valores?

En pleno siglo XXI estamos viviendo una revolución digital en la que existe un exceso de información que cada uno interpreta como quiere y puede. La prensa publica una noticia prácticamente en el mismo instante en que se está produciendo y a los pocos segundos ya hay miles de reacciones en las redes sociales y tendemos a seguir la ola como borregos, y todos decimos je suis París, je suis Aylan, je suis Harambe, je suis… estoy segura de que muchos han escrito ese je suis sin siquiera saber qué ha pasado. Leemos una noticia contra los cultivos transgénicos y ya nos creemos expertos en ingeniería genética, leemos un artículo sobre el desove de la tortuga marina en Costa Rica y firmamos inmediatamente una petición en change.org para que se prohíba el turismo en esa costa pero ¿qué pasa, por ejemplo, con los millones de niños que están muriendo en este mismo momento por culpa de la desnutrición? ¿por qué tenemos conciencia social sólo para algunas cosas?

En un momento en el que el número de analfabetos en España ha descendido al 2,3% (dato del año 2015 considerando la población desde los 15 años de edad) estamos viviendo otro tipo de analfabetismo en el que por haber leído en la Wikipedia algo ya consideramos que lo sabemos todo sobre ese tema. Nos dejamos llevar por la opinión de unos cuantos y damos más importancia a lo que se publica en la redes sociales que a lo que está ocurriendo al otro lado de la puerta de nuestra casa. Hemos dejado de ser coherentes en lo que a ética y valores se refiere y somos capaces de criticar con nuestros amigos al dueño del bar que tiene encendida la tele para ver la feria de San Isidro mientras tomamos unas cañas y unos torreznos que ese mismo desalmado al que le gustan las corridas de toros nos ha servido como tapa (esto lo he visto, no me lo estoy inventando)… señores, ¿por qué vale más la vida del toro que están toreando que la vida del cerdo que se ha convertido en torreznos? La vida de uno y otro vale lo mismo, los dos son animales y tienen el mismo derecho a vivir como tales, pero la muerte del toro la vemos en la plaza mientras que de la vida del cerdo y de su muerte hasta que ha llegado a nuestro plato en forma de torrezno poco sabemos, o mejor dicho, poco queremos saber. Por lo tanto, existe actualmente un falso animalismo y un falso ecologismo por puro borreguismo, porque en las redes sociales se “lleva” ser antitaurino, ecologista y antisistema, así que vamos a firmar todos en change.org para que la próxima vez maten al niño en lugar de a otro Harambe sin importar que ese niño sea nuestro propio hijo o hermano, hagamos una fiesta la próxima vez que muera un torero sin importarnos el sufrimiento de su familia y amigos, sigamos todos como borregos la opinión de unos cuantos radicales en las redes sociales.

Cada uno es libre de defender sus propios ideales y filosofía pero en el momento en el que para ello se recurre a la violencia, ya sea física o verbal, todos sus argumentos dejan de ser válidos. Todo aquél capaz de defender sus ideas sin faltar al respeto y sin recurrir a insultos hacia los que no opinen como él, merece mi respeto pero en el momento en que se vuelve radical y violento pierde toda la razón. Se supone que el ser humano es un ser racional pero el odio y la violencia nos conduce a un estado de irracionalidad superior al natural de los animales a los que queremos defender. De todo lo que he leído estos días sobre la polémica muerte del torero, me quedo con una frase del periodista Jorge Bustos en su columna de opinión del pasado día 11 de julio en el periódico El Mundo en la que dice: “El animalismo va convirtiéndose en la mayor amenaza del humanismo” (puedes leer el artículo completo aquí).

Desde aquí defiendo y apoyo a aquellos animalistas y ecologistas auténticos que luchan por el bienestar animal y por la conservación del medio ambiente sin recurrir a la violencia. Yo misma me niego a definirme como ecologista porque me repugna la idea de serlo tal y como lo hacen los que se han apropiado ahora del término de una manera radical e intolerante.

Ahora pregúntate a ti mismo: ¿Je suis borrego?

Marta Martín Trenor, ingeniero agrícola colegiada 7.473 en el C.I.T.A.C.

 

2 Comentarios

  1. violencia es violencia, y engendra más violencia. No podemos dejar de preguntarnos por el deseo que lleva a una persona a justificar una tradición tal, en el que el otro no importa, no me atraviesa ni me perturba ¿será que el humano tampoco me interesa? Esa violencia que les infligimos a los animales nos vende una imagen que conciente o inconcientemente nos afectará

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